martes, agosto 09, 2011

Tertulias

Las tertulias eran las de antes, uno se pasaba horas mirando hacia la nada, sentado junto a la chimenea mientras el gato ronroneaba. La mirada de una hermosa mujer se cruzaba con la de uno y ya no habia que decir nada. Uno movía la cabeza, la otra persona hacía lo mismo y luego, con solo extender el dedo meñique, la mujer se paraba e iba al centro de la pista, uno se le acercaba y se bailbaba hasta el amanecer. No era necesario drogas ni alcohol- tal vez alcohol sì, pero no mucho, no como ahora. Hoy en dìa la gente sale a las 5 de la mañana, borrachos y si se intentan acercar a una chica le vomitan la cara para hacerle saber que les gusta. Lo peor es que la mujer solía enojarse ante este acto pero el otro día fui testigo de un hecho que me marcó: yo vivo a dos casas de un boliche muy famoso llamado "Aguacate", resulta que había salido a pasear a mi perro Hamburgo a eso de las 6 de la mañana y en la puerta del boliche se encontraba un chico y una chica de no más de 14 años. Estaba chapando a mas no poder, cuando el chico se separa repentinamente de la chica, arquea el cuerpo y de su boca sale una gran cantidad de vomito. La chica no se alarma, lo espera. El mira su vómito y dice riendo: "ahí está el pedazo de torta de la mañana". Ella lo mira y para mi estupor ¡le sonríe! Se acerca y vuelven al chape.
En las tertulias de antes nos manejabamos de otro modo. Me podrán decir anticuado, mala onda, pero los chicos de hoy se manejan mal, mal mal. Ojalá volvieran las tertulias, momentos de cambalaches y milongas, momentos de luz blanca o amarilla, nada de colorcitos. Eran lugares donde el que se llevaba la mas linda era el mas caballero, el que tenía honor. Se que algun día volverán, sino, querrá decir que no hemos aprendido anda de nuestros mayores, estaremos negando parte de nuestra vida. ¡Cantidad de vidas que han sido concebidas en las tertulias!
Tertulias de hoy,
tertulias de mañana,
no me dejen,
no se vayan.
Si me abandonaran,
terminen conmigo,
ya no habrá sentido,
terminen conmigo.

jueves, abril 22, 2010

Dios

No se qué o quién es Dios, solo se que es mas fuerte que mamá y papá juntos.

miércoles, abril 21, 2010

Regalos


Los regalos están sobre la mesa. Siempre que en un cumpleaños hay regalos están sobre la mesa. De ese modo no se sabe de quién es cuál y se puede disfrutar de todos los regalos. Uno sospecha de quién puede ser cada uno pero lo importante es que los haya. Aun cuando el que los puso ahí es uno mismo.

Gatriel está sentado frente a la puerta de su casa. Mira la puerta como si ésta tuviera poderes hipnóticos. Los globos, las guirnaldas están todo a su alrededor. La música, en un tono suave, busca tener su lugar. Los regalos, sobre la mesa. ¡No falta nada! Bueno, un poco de gente no vendría nada mal. De repente suena el timbre. La cara de preocupación de Gatriel se transforma en alegría pura. Gatriel abre la puerta lo mas rapido que puede. Se sorprende al ver lo que ve: dos hombres vestidos de policías.

- Disculpe las molestias Sr. -dice uno de los policías- pero venimos a confiscar los regalos.
- ¿Por qué? -contesta Gatriel confundido-.
- ¿Estos regalos de quién son?
- Mios
- ¿y quién se los regaló? Acá no veo a nadie.
- Bueno, es que mi mamá me dijo que los habían traído y que después iban a volver. Eso fue hace dos semanas... pero mi mamá no me dijo cuando iban a volver y es de muy mal gusto abrir los regalos sin que los amigos estén presentes.
- Dos semanas fue lo que nosotros estuvimos para descubrir este fraude. El ministerio de Desarrollo Social no permite este tipo de acciones.

Los policías se llevan los regalos.

- ¡No, por favor! -grita Gatriel- Los regalos no. ¡Llevenme a mi!
- Bueno, si es lo que desea...

Los dos hombres lo toman y se lo llevan.

La luz es tenue. La celda tiene todo lo necesario para vivir. Gatriel no la pasa mal. El único problema es que la comparte con alguien mas.

- ¿Y hoy, que soñaste? -pregunta Ponzo emocionado. Su cara no intenta esconder la excitación.
- Lo mismo que ayer y que el otro día y el otro -contesta Gatriel cansado-.
- Si pero, ¿esta vez que regalos había sobre la mesa? ¿La casa era la misma de siempre? ¿los policías aparecieron?
- ¡Basta Ponzo! El sueño fue exactamente el mismo que siempre. La casa de siempre, los regalos de siempre y los policías de siempre. Nada cambió.

Ponzo lo mira con mala cara. No le dice nada pero su actitud habla. Se acuesta en su cama dandole la espalda a Gatriel. Este se queda pensativo, sentado a la mesa de plástico donde come todos los días. Tiene la mirada perdida.

-El silencio de siempre...la soledad de siempre.

Gatriel habla para sí. Sin darse cuenta empieza a tararear la canción de su sueño, de su fiesta de cumpleaños. Sonríe. Se acuesta en su cama con una sonrisa. No recuerda la última vez que lo hizo. Es que nunca tuvo tiempo. Desde que entró a la cárcel lo único que hizo fue preguntarse. ¿Seguirán los regalos en su lugar? ¿Esterán esperándolo para ser abiertos por él? ¿Quién los puso ahí? Muchas preguntas y pocas respuestas.
Esa misma noche Ponzo va a morir. El no lo sabe pero su bazo va a explotar sin razón alguna. Algun pedazo de comida en mal estado, tal vez. También en esa noche Gatriel va a soñar que está en su casa de siempre y con los regalos de siempre pero esta vez, al abrir la puerta, no vera a los policías sino a una gran cantidad de personas sin rostros que bailarán y se divertirán en su fiesta. Ponzo aparecerá en su sueño y le dirá que ninguno de sus invitados tiene rostro. Gatriel lo mirará y le dirá que eso no importa, que la sala está llena y que hay que divertise. Después de este hermoso sueño Gatriel se despertará con el bastón de un policía pegando sobre los barrotes de su celda llamando a Ponzo, diciendo que llegó un regalo para él. Verá que Ponzo está muerto y se lo llevará.
El regalo de Ponzo quedará en el suelo, sin dueño y nadie que lo abra. ¿Qué tendrá en su interior? ¿Será realmente para Ponzo o tal vez se equivocaron y es para él? Ya nada importará. Gatriel se quedará en su celda sin moverse.
Solo.
Otra vez.

viernes, noviembre 20, 2009

Diluvio IV, la lucha

Diluvio visitó la tumba de Gretel todos los días durante treinta años. Se hizo todo un hombre y un gran cazador pero su mirada melancólica nunca la perdió, su desdicha fue creciendo con el tiempo.
Una tarde su atormentado corazón se calmó. Fue en tiempo de Adivenisis. Los astros se veían a pleno atardecer y la música de los pájaros se escuchaba mas dulce que nunca. Diluvio estaba junto a la tumba de Gretel, en silencio, como siempre. De repente, un viento del oeste golpeó su pecho de un modo que le llegó al corazón y una calma lo llenó. Fue como si Gretel le hablara y le dijera que no se sintiera culpable por el incidente. Que si bien vivió solo 120 años lo importante no es el tiempo que se vive sino el cómo. Justo cuando terminó de escuchar estas palabras se iluminó todo el lugar y Diluvio cerró los ojos. Sintió una caricia sobre el rostro y cuando abrió los ojos ya no había nada. En ese momento decidió emprender un nuevo camino, se dio cuenta que había perdido su tiempo lamentándose y eso tenía que cambiar. Se arrodilló sobre la tumba de Gretel, la besó y se incorporó. Desarmó su carpa. Tal vez iría hacia el sur pensó. Estaba por adentrarse en la selva cuando apareció un hombre.

- Hola –le dijo el hombre sonriendo-.
- Hola –dijo Diluvio desconfiado y sorprendido-.

No había visto a un ser humano en treinta años, se había olvidado de cómo hablar.

- Vi tu carpa y decidí acercarme -el hombre lo miraba con intensidad-.
- Si. -dijo Diluvio, se sentía intimado por este hombre pero no sabía por que-.

El hombre le dijo que vivía en una cueva cercana a esos lugares y que nunca había tenido necesidad de salir...hasta ahora. El hombre se mostró amigable y Diluvio se sintió a gusto con él. Todo estaba tranquilo hasta que se escucharon algunos truenos. El cielo se nubló y el rostro del hombre cambió. La lluvia no se hizo esperar y cayó torrencialmente. El hombre miró hacia arriba y extendió su brazo. Su ojos buscaban algo en la lluvia. Su mano atrapó algunas gotas y se la acercó a su cara. La miró y se dio cuenta que lo que parecía ser agua tenía una consistencia diferente y su color era rojizo. Miró a Diluvio.

- Esto es su culpa -dijo el hombre enojado-.
- ¿Qué? -preguntó Diluvio sin enteder nada-.
- Cuando vinieron, vos y los tuyos. Todo esto es su culpa.

El hombre se le acercó y lo golpeó. Diluvio no entendía nada, trató de defenderse como podía. El hombre era mas rápido que él y lo estaba venciendo. La lluvia caía con mayor intensidad y el lugar se llenó de charcos. En un momento Diluvio dejó de resistirse, se dio cuenta que ahora estaba en paz y no quería perder eso. El hombre lo siguió golpeando. Diluvio caía y se volvía a levantar para caer nuevamente en cada charco rojo. Diluvio cayó una vez mas pero no se levantó. El hombre, exhausto, le exigió que se incorporara. Diluvio no le hizo caso. El hombre lo golpeó con mas fuerza pero Diluvio no se inmutó. Con impotencia el hombre se sentó al lado de Diluvio. Se produjo un silencio largo. El hombre comenzó a llorar. Diluvio lo miró con compasión y lo rodeó con un brazo. Su cuerpo lastimado apenas lo dejaba moverse.

- Tu nombre, ¿Cómo te llamás? –le preguntó el hombre-.
- Diluvio -respondió respirando agitadamente-.
- De ahora en adelante ya no te vas a llamar Diluvio, sino Penuel, porque luchaste con Dios y con los hombres y venciste.

Penuel se lo quedó mirando.

- Y vos, ¿cómo te llamás? –preguntó Penuel con curiosidad-.
- ¿Por qué me preguntás eso?

Penuel no supo que responder y calló. Su mirada se perdió en la tierra rojiza. Cuando volvió a mirar a su costado el hombre ya no estaba. Penuel miró al cielo, sonrió y abrió los brazos. La lluvia ensangrentada poco a poco se fue haciendo cada vez mas transparente hasta convertise en agua. Diluvio abrió la boca y sintió como el agua que entraba en su cuerpo le daba vida nueva. Agradeció al Señor, tomó sus cosas y se dirigió hacia el sur, camino a las montañas cristalinas.

miércoles, septiembre 23, 2009

Historias de Tribunales

El hombre se acerca a la puerta. Está a punto de salir. Una gota de sudor le camina por la frente.

- Cesar - dice una voz dulce de mujer.- no te pague todavía.
- Ah -Cesar se da vuelta con dificultad, suspira- son 88 pesos Dra. Obarrios

La oficina de la jueza tiene todas las comodidades. Cesar le lleva libros de cocina hace mas de tres años pero nunca le faltó el respeto o le hablo mal, nunca. El siempre la trató bien. Pero Cesar solo es eso, un vendedor ambulante de libros de cocina, busca a sus victimas observandolos durante meses, escuchando sus conversaciones para ver si comentan algo sobre la cocina, si les gusta , etc. Así la consiguió a la Dra. como compradora corriente. El problema de los vendedores ambulantes es que no siempre consiguen vender libros y a veces necesitan usar diferentes artimañas para vender mas a un mismo comprador.

La Dra. Obarrios se queda sentada en su sillón que da la ventana. Desde allí se ve Lavalle. La mujer se agacha, alcanza su cartera y saca un billete de 100.

Las artimañas pueden ser de lo mas bajas, desde mentir precios hasta agregar un libro en la bolsa de la compradora y cobrarle todos los libros sin que se de cuenta.

Cesar se acerca lentamente hacia la Dra., el recorrido se hace interminable. Extiende su mano y toma el billete.

- No tengo cambio, ¿se lo puedo traer la semana que viene?
- No, mejor la otra semana, cuando vuelvas con nuevos libros.
- Si Dra., como usted diga.

Hay veces no se tiene opción. De todas maneras el problema es de la gente confianzuda porque eso tienta mas a un vendedor. Mujeres como la Dra. Obarrios no se dan cuenta nunca si se les está vendiendo un libro de mas. No les importa. El plan de Cesar era venderle un libro de mas y nunca mas volver porque se daria cuenta de la estafa, tarde o temprano.

Cesar se da vuelta y se acerca a la puerta de entrada. La abre y sale. El palacio de justicia es un lugar enorme. Cesar piensa que por mas que la mujer se diera cuenta ahora de la estafa se perdería entre la gente. Cesar camina con una bolsa grande llena de libros. Camina cada vez mas rapido a medida que se aleja de la oficina de la Dra. Obarrios.

Tal vez volvería dentro de quince días. Total, la mujer no sería capaz de darse cuenta. Tal vez no le importaría y sería una mentira de ambos, serían cómplices.

- ¡Guardias! -gritó la Dra. Obarrios desde la otra punta del edificio- atrapen a ese hombre.
Cesar se da vuelta y sabe que la mujer le está aputando a él. Cinco policías empiezan a correrlo. Cesar, con su bolsa con libros de mil paginas cada uno y su metro noventa, empieza a correr lo mas rapido que puede.

"¡¡pelotudo, pelotudo!! te confiaste demasiado."

Cesar logra salir del edificio. Un policía lo mira a través de la ventana.
- ¡Está llegando a la esquina de Lavalle y Uruguay, vayan por el otro lado! -les dice a través del intercomunicador a sus compañeros.

Cesar sigue corriendo. Llega a la esquina. Camina por Uruguay hasta entra en el subte. Un solo policía logra verlo ir en esa dirección. Lo sigue, entra al subte y Cesar logra subir al tren antes de que se cierren las puertas. La mujer policía choca contra las puertas del subte y ve como se aleja.

"nunca mas. nunca mas."

Cesar respira agitadamente. Se abre paso entre la gente que lo mira y se sienta en el último lugar disponible. Se tranquiliza. Apoya su cabeza sobre el respaldo.

"solo una vez mas, solo una vez mas y ya está".

Diluvio II, el nacimiento

Lluvia y mas lluvia. Hoy no para de llover. En antiguas épocas la lluvia no era mas que un puñado de gotas que caían de una pequeña catarata. Después las nubes revolucionaron el clima con agua que cayendo del cielo. Pero no fue hasta el diluvio universal que no se había visto un día de lluvia con todas las letras. Bah, años y años de lluvia en este caso. Recién después de este diluvio fue que la lluvia se transformó en lo que es ahora. Puede caer agua durante días enteros. Eso la ciudad lo sufre pero el campo lo agradece. Dicen que en la época de Noé, en plena lluvia su mujer dio a luz a un hijo en esa misma embarcación. Noé contaba con 814 años de vida y no podía entender como su mujer podía concebir un hijo cuando el período de gestación debió de durar 200 años ya que ese era el tiempo en el que él y su mujer no tenían relaciones. En esa época no se tenía en cuenta el adulterio así que si Noé lo creeía, así yo lo creo...la cuestion es que este hijo suyo tomó el nombre de Diluvio en honor a esta época gloriosa y espantosa a la vez, donde el Señor demostró todo su poder y misericordia por mas contradictorio que suene. Finalmente la lluvia cesó y la embarcación toco tierra. Todos se bajaron y festejaron. Para entonces Dilvuio tenía 15 años. El problema fue que la tierra a la que llegaron no era de lo mejor para gente grande como Noé y sus hijos. Era un clima frío, había que caminar mucho para llegar al agua y las lluvias ahora cada tanto aparecían haciendo que las viviendas fabricadas no fueron de lo mejor. Uno a uno, todos fueron muriendo. Los animales, que siempre se las rebuscan para subsistir, abandonaron al grupo de personas en busca de mejores lugares para vivir. Así fue como Diluvio se quedó solo. A la ultima persona que enterró fue a Gretel, una muchacha con la que había entablado una gran relación. Solo tenía 120 años y estaba en buena forma. Con Diluvo solían salir a correr apenas amanecía. Un día hicieron una carrera como todos los días pero ella cayó en un pozo y murió ahogada. Diluvio no dudó en saltar dentro del pozo pero para cuando la encontró ya estaba muerta. Le hizo un entierro y lloró como nunca lo había hecho. Sus lágrimas eran constantes. Ese día el sol se escondió antes de lo normal, como si no le gustara lo que veía.

martes, septiembre 22, 2009

Diluvio I

- No se puede –dijo el ángel con mas miedo que autoridad-.
- ¿Me vas a decir a mí que se puede y que no se puede hacer?
- No Señor, pero, creí que había dicho que nosotros íbamos a ser los únicos que-
- Se lo que dije –lo interrumpió- pero no puedo dejarlos solos. Adán y Eva perdieron el rumbo pero ellos son mejores.
- Son de la misma sangre que ellos. ¿Por qué habrían de serlo?
- Sus vidas, son diferentes.
- Pero son muchos, como va a lograr...donde van a vivir? Acá? –dijo el Angel con cierta ironía-.
- No, a las cuevas no. –respondió el Señor con firmeza- Sobre la superficie. Que se multipliquen donde Adán y Eva no pudieron.
El rostro del Angel cambió notoriamente pero trató de disimularla. Se produjo un silencio. El angel estaba a punto de decir algo pero no lo hizo.
- ¿Y como va a elegir a esos algunos?
- El agua. Voy a hacer que corra de arriba hacia abajo.
- ¿Cómo? –preguntó el Angel sin entender demasiado-.
- Lluvia, ese es su nombre, las nubes dejarán caer agua hacia la tierra y el mundo se hundirá. Solo los que escuchen mi voz podrán salvarse.
- Pero Señor, nadie se salvará.
- Si. Algunos lo lograrán.
El ángel miraba con recelo al Señor. Había sido el único al principio de los tiempos. El primer hombre. Perfecto. Luego, con la llegada de Adán y Eva, quedó relegado en la consideración del Señor. Él estaba orgulloso de su nueva obra y seguía muy de cerca a su nueva creación. El ángel sabía de su existencia pero ellos no de la suya. Desde las cuevas el ángel fue el gran testigo de la ira del Señor previo a la expulsión de Adán y Eva del Paraíso. El ángel lo tomó con mucha naturalidad, no esperaba menos de dos seres imperfectos y débiles como ellos, pensaba que no demostraban la grandeza del Señor. Esto lo tenía molesto, pero nunca le dijo nada al Señor.

martes, agosto 11, 2009

Nunca le saques el microfono a una estrella

Virgilio Zarazola se despierta sobresaltado. Traspira mucho. Respira agitadamente. Al principio no sabe donde está. Luego reconoce su cama, su cuarto. Lo ve llegar a Suertudo, sonríe. El gato salta sobre la cama y se franelea con Virgilio. El hombre se levanta. Está preocupado.

Virgilio es un hombre solitario. Tiene casi 69 años. El recuerdo de su mujer, desaparecida hace mas de 30 años, y su gato llamado Suertudo en honor a Alf son su unica compañia. Tiene una rutina bastante simple: llega a su trabajo, cuelga su saco en el perchero, se sienta en el escritorio del fondo y no hace nada. La oficina es pequeña, con 4 escritorios. 3 de ellos tienen computadora. El de Virgilio tiene una pequeña maquina de escribir que casi ni escribe, le falta tinta.Todos sus compañeros son personas jovenes, con mucha predisposicion para el trabajo, una gran capacidad y masters hechos en todo el mundo. A Virgilio no le preocupa esto. El ni terminó el secundario pero ni se molesta en pensar que puede perder el trabajo, no, su jefe es el hijo de un gran amigo suyo. La unica preocupación que tiene son los sueños recurrentes que no lo dejan dormir bien. En el trabajo no tiene mucho para hacer por lo que se queda dormido y sueña otra vez el mismo sueño hasta que se despierta sobresaltado y con una hoja pegada a sus labios por la saliva esparcida. Matías, el unico compañero con el que logró forjar una amistad lo mira, se ríe y le pregunta:

- ¿otra vez el sueño de Tina Turner?

Si -contesta Virgilio con resignacion- por mas que lo intento no puedo evitarlo, pasa siempre lo mismo, a veces hasta me doy cuenta que estoy soñando pero no puedo evitar que todo se desarrolle igual.

Virgilio llega a su casa, come algo, acaricia a su gato mientras mira la tele y se va a dormir. De repente todo se nubla. Virgilio ya no sabe donde está hasta que, poco a poco, lo ve con claridad. Está todo oscuro. Virgilio divisa en el fondo del lugar un escenario. Empieza a caminar hacia él. De repente una luz se prende en el escenario y se ve a Tina Turner que empieza a cantar "What`s love got to do with it". Las luces se empieza a prender en todo el lugar y Virgilio se da cuenta que está lleno de butacas. Cada una de ellas ocupada por personas que conoce, desde los que vio solo una vez hasta sus seres mas queridos. La gente está enloquecida, grita, mira a Tina, lo mira a él. Virgilio está encantado y empieza a caminar hacia el escenario otra vez. Sube. Ella se le acerca para abrazarlo, él se acerca y parece que quiere hacer lo mismo pero a ultimo momento decide no abrazarla, le saca el microfono y tira a Tina al piso. Empieza a cantar él y todo el mundo lo aplaude hasta que su voz empieza a cambiar, no se le escucha bien pero él sigue igual. La gente lo empieza a abuchear, le tiran cosas, él sigue cantando. Se empieza a enojar y se baja del escenario con el microfono y les pega a todos los que están ahí. Mientras lo hace las luces se apagan gradualmente hasta que solo queda una prendida. Están Tina y él. La luz apenas los ilumina. Tina lo mira y le dice:

-game over -le saca el microfono y le pega-. Virgilio se despierta sobresaltado.

Virgilio llega a su trabajo con mas energía que nunca.

- ya entendí todo -le dice a Matías- si construyo una casa al lado de la mía, Tina Turner va a volver de la muerte.

- pero Tina Turner no está muerta -lo interrumpe-. Virgilio lo mira con desconcierto. No sabe que decir.

- Bueno, pero no creo que viva mucho mas. No importa, ¿me ayudas?

- ¡No! -le dice Matías- No entendés que estas mezclando las cosas, ¿qué tiene que ver que le afanes el micrófono a Tina Turner con que le tengas que hacer una casa? Ademas no está muerta...mira Virgilio, sos un gran amigo pero, ¿no pensaste en jubilarte?

- ¿Vas a ayudarme o no?

Virgilio está sentado fuera de su casa. Está a punto de llover. Su gato está a su lado. Virgilio mira el cielo. Mira hacia el costado donde hay cuatro maderas con algunos clavos. La construcción se hace lentamente y las lluvias postergan su inauguración, pero finalmente Virgilio logra construir la casa para Tina. Desde se día, sus noches son tranquilas, sin sueños que lo molesten. Pasan las horas, los días y no pasa nada. Virgilio mira la televisión, los diarios. Quiere ver si aparece alguna noticia con la muerte de Tina Turner pero no encuentra nada. Despues de 5 años de espera, lo unico que encontró en el diario es la noticia de que Tina va a sacar un nuevo album y que está mas viva que nunca. Virgilio ya no va a trabajar, lo jubilaron en la empresa. Ahroa solo se queda fuera de su casa, en el patio, esperando que aparezca Tina.

Llega el cumpleaños numero 80 de Virgilio. Matías lo llama por teléfono pero Virgilio no contesta. El está muy ocupado soplando las velitas junto a una foto de Tina Turner. Esa misma noche, Virgilio no puede dormir por primera vez después de haber terminado la casa. Se levanta, va hacia la cocina y se sirve un vaso de agua. Está a punto de tomar un trago pero se detiene, un ruido llama su atención, parece venir de la puerta que da a la calle. Virgilio sale. El ruido parece venir de la casa de Tina. La luz del baño está prendida. Virgilio está a punto de salir pero ve que está lloviendo y decide tomar el paraguas. Se acerca lentamente a la puerta de la cantante. La abre. Cierra el paraguas y lo agarra como un como si fuera su arma. Está dispuesto a partirselo en la cara al intruso que está ocupando la casa de su amada. Entra al living que él mismo había preparado con tanto amor. Se acerca a la persona que está en las sombras, está a punto de pegarle pero la persona que está de espaldas se da vuelta y Virgilio no lo puede creer, ¡Es Tina!
Virgilio deja el paraguas, se acerca a ella como en estado de extasis. Tina le sonríe, lo mira. Está todo oscuro pero el haz de luz proveniente del baño permite ver algo. Virgilio corre hasta llegar a abrazar a Tina. Ella ríe.

- Sabía que ibas a venir, lo sabía

Virgilio empieza a llorar. Tina lo calma.

- Shh -ella lo acaricia.

Empiezan a improvisar un baile. De a poco se van acercando a donde llega el haz de luz del baño. Virgilio la mira a Tina y ve como su rostro está totalmente deforme y decrépito. Virgilio se asusta. Tina lo mira. Sonríe maliciosamente y le dice:

-game over -ella levanta su brazo que es puro huesos dejando ver un cuchillo que violentamente se clava en el corazón de Virgilio. El cae lentamente. Su rostro de susto cambia y se transforma en uno de paz. Nunca se lo vio mas feliz.